G.D. Vajra Barolo Bricco delle Viole 2005

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Barolo en invierno parece un pueblo abandonado, lo cual contrasta con la cantidad de restaurantes abiertos y el enorme espacio dedicado al aparcamiento, ahora desierto. Pero estamos a primeros de diciembre y además es miércoles. Y sin embargo pese a la soledad que uno respira, pese al frío y la humedad de las nieblas matutinas, o quizás debido a todo eso y alguna cosa más, es lo más parecido a lo que me gusta imaginar como el paraíso. Llegando desde la carretera que viene de Alba aparece encaramándose sobre una colina piamontesa, con sus pequeñas casas con tejados a dos aguas y porticones en las ventanas y allí en lo alto, dominando todo el pueblo, el imponente castillo. Alrededor más colinas forradas de viñedos y coronadas por bosquecillos. Estamos en el corazón del hogar de la nebbiolo, una delicada y caprichosa variedad de uva que sólo es feliz en su comarca.

Tras instalarnos, descansar un rato y dar un paseo vespertino para ponernos en situación, nos hemos decidido por uno de los cuatro restaurantes abiertos, la Osteria La Cantinella, en la parte baja del pueblo. No había ninguna mesa ocupada cuando hemos entrado, así que hemos elegido que nos acomoden en una esquina al fondo, lejos de la puerta –hacía mucho frío- y cerca de la cocina. La carta es un compendio de platos típicos del Langhe, con especial atención a la carne de ternera de la que tan orgullosos se sienten, la eterna pasta italiana y el maravilloso tartufo bianco, pues también estamos en el corazón de la región trufera por excelencia y en la época adecuada para disfrutarlo si uno se lo puede permitir. Me he decidido por unos entrantes típicos (carne cruda battuta al coltello, embutidos y una especie de ensaladilla rusa muy típica de la zona) y unos ravioli del plin rellenos de ternera rustida con salsa de ese rustido y me he lanzado sobre la carta de vinos.

Sabía que quería un Barolo, pero la pregunta era cual. ¡Qué maravilla de carta! Dolcettos, barberas, nebbiolos, Barolos, algún Barbaresco, un par de freisa, algún Gattinara y unos pocos blancos y Franciacorta. Tras mucho meditar y debatirme entre mis deseos y mi cartera me he decantado por un G.D. Vajra Bricco delle Viole 2005, una añada que no fue extraordinaria pero si notable, un tanto irregular en la calidad según las zonas y productores, pero que con este he pensado que aseguraba el tiro. Y he pensado bien.

Pese a no ser una bodega de rancio abolengo, su forma de elaborar sus Barolo es bastante tradicional. Bricco delle Viole es el nombre del viñedo del que proceden las uvas de este Barolo, situado en la parte alta de una colina en el mismo pueblo. Es decir, que es un Barolo de Barolo (otros pueden ser de La Morra, Monforte d’Alba, Serrallunga y hasta una docena de pueblos alrededor). El vino tiene un bonito color rubí brillante, tirando a picota pero de poca intensidad. En un primer momento los aromas son de fruta roja licorosa, como de cerezas en licor, pero poco a poco va abriéndose y aparecen las frutillas silvestres maduras, ciruelas confitadas, rosas secas y piel de naranja sobre una intensa y refrescante sensación balsámica de eucalipto, hierbabuena y tomillo limonero (o quizás sólo cítrica). Pero lo más agradable es la sedosa entrada en boca, la calidez de sus 14 grados equilibrada por una refrescante acidez, las notas de pimienta verde y una magnífica estructura con unos taninos muy presentes aunque agradables, con un leve deje de almendra amarga (dicen que por las amapolas) y un final largo y persistente marcado por la acidez y un recuerdo de nuevo balsámico. Inolvidable vino quizás influido por la inmejorable ocasión.

Tras la cena y ya de vuelta a la pensión, hemos observado que todos los restaurantes estaban ya cerrados a cal y canto. Tampoco había entrado nadie más donde hemos cenado nosotros, así que hemos concluido que éramos los únicos forasteros en Barolo y que abrían para nosotros todos los restaurantes hasta que nos decidíamos por uno. Después entre ellos ya se encargaban de comunicarse la decisión para que los demás cerraran y se fueran a dormir.

 

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