Seguimos en Barolo

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Seguimos en Barolo. Finalmente nos hemos quedado una segunda noche, ya que pasar aquí sólo un día nos ha sabido a poco.

Esta mañana hemos ido a visitar la bodega de Domenico Clerico, tal como me recomendó Chiara. Es una bodega moderna en todos los sentidos, que produce vinos de corte moderno: poco color, poca extracción, mucha acidez y taninos duros que hay que suavizar con tiempo en botella; vinos en general con mucha longevidad. Algunos de ellos, sobre todo los Barolo de viñas viejas que guardan en bodega hasta diez años antes de sacarlos al mercado, pueden aguantar treinta o más años antes de ser disfrutados.

Hemos probado uno de estos, el Per Cristina 2005, el más emblemático de la bodega, y tras siete años todavía no se puede beber. Al margen de ser un vino elegante, afrutado, balsámico e incluso con matices licorosos, en boca muestra una acidez afiladísima y unos taninos casi diría que agresivos; una auténtica bestia a la que le faltan no menos de diez años para apaciguarse. Hemos probado, de hecho, un par de Barolo de 2008 que estaban mucho más domados y bebibles, aunque aquí también influye que esta añada fue más benévola. Muy interesantes también los Barbera del Langhe, que en nariz siguen recordándome a los Ribera del Duero por esas notas clarísimas de frutillas del bosque y postre lácteo de la maloláctica, pero que en cuanto los pruebas de nuevo sorprenden por su extraordinaria acidez. Ninguno de estos vinos es barato, con los Barolo de 45€ en adelante aquí en el Piemonte.

La otra cara de la moneda es la bodega Boschis, con vinos más tradicionales, con más extracción y color, con largas crianzas en viejas botti y con esas notas compotadas, de olivada o incluso vino rancio aunque, eso sí, hablando de vinos más antiguos, ya que hemos probado un 95 y un 2001. Y son, pese a todo, unos vinos también con una acidez casi inédita en los vinos españoles. Como curiosidad, esta familia Boschis es originaria de Barcelona, de donde emigraron durante la segunda mitad del S.XIX. Por aquel entonces eran los Bosch. Desde que estoy aquí me he acercado un par de veces a su local de catas y no me ha querido cobrar nada. Somos catalanes, me dice. Más o menos me voy entendiendo con ellos en mi precario italo-indio, hasta el punto que me han llegado a proponer, medio en broma medio en serio, que les distribuya en Barcelona.

Otros vinos que he probado han sido los de Germano Angelo, una pequeña bodega que está produciendo unos interesantes Barolo de estilo moderno, así como Barbera d’Alba y Dolcetto d’Alba con una excelente RCP. Seguramente les encargaré unos vinos y aprovechando el envío meteré en la caja alguna que otra cosilla que encuentre por aquí.

Este paisaje es magnífico, de una belleza inabarcable. La sensación mientras llegaba y ahora cuando paseo -hemos regresado de la bodega de Domenico Clerico, a cinco quilómetros, paseando por estas suaves colinas entre viñedos- es de familiaridad, como si de alguna forma ya conociera esta tierra. Pienso que desde que salí de Barcelona he llevado conmigo los paisajes que describe Cesare Pavese en sus escritos, en especial los de “La luna e i falò”, y que los he llegado a interiorizar como si ya los hubiera visto antes. Aunque sólo sea como excusa para poder regresar aquí ni que sea una vez al año, pienso que puede ser una buena idea esto de ponerse a distribuir sus vinos.

Salut!

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