Dönnhoff Riesling Trocken 2012, Tonel 17

Donnhoff Riesling Trocken 2012, tonel 17

Donnhoff Riesling Trocken 2012, tonel 17

En una cita atribuída a un tal Richard Porson -aunque otros la ponen en boca de Oscar Wilde o incluso de Mark Twain- dice que la vida es demasiado corta para aprender alemán. Bien, pues esa gran verdad se puede hacer extensible también a las etiquetas de los vinos alemanes. Efectivamente, la vida es demasiado corta para comprenderlas. Ahora bien, tras esos inextricables galimatías se esconden algunos vinos realmente maravillosos. Y este vino de la casa Donnhoff, uno de los mejores productores alemanes y probablemente el mejor en la región del Nahe, es uno de ellos.

Si algo nos queda claro en la etiqueta es que se trata de un monovarietal de riesling, la reina de las uvas alemanas. Lo de trocken, es decir seco, ya es más discutible según nuestra concepción del vino. Sí, es seco si estamos hablando de un riesling alemán, pero tiene azúcar residual, lo cual se agradece teniendo en cuenta la acidez extraordinaria de este vino. También podemos saber que se trata de un vino joven no sólo por el año, de 2012, sino porque está cerrado con un tapón metálico de rosca -hoy no ha servido para nada el nombre de este blog-, juventud que se confirma al servirlo en la copa. De color amarillo zumo de limón, pálido con matices verdosos y algún destello dorado, muy brillante, límpido y con una lágrima fina y ligera de rápido recorrido.

Acercamos la nariz a la copa y nos encontramos con lo que se espera de estos vinos: flor de azahar, recuerdos cítricos más hacia el limón que a la naranja, jengibre, pera limonera y un fondo mineral, como de piedras mojadas, todo muy ligero y fresco, veraniego. Esta primera impresión se confirma al primer trago, que es fresco y ligero, levemente goloso y de extraordinaria acidez; entra recto como un cuchillo afilado. En la boca se aprecian de nuevo los cítricos del limón y ahora de fruta blanca más madura que verde, con un final de poca persistencia que nos deja el recuerdo del limón en las encías y con ganas de tomar otro sorbo.

Los vinos alemanes son los grandes desconocidos del público de este país, quizás por ese absurdo según el cual los tintos son mejores y los blancos no deben ser caros; y los riesling alemanes no son baratos, es cierto, pero son todo un mundo por descubrir, desde los más secos a los más dulces con un inmenso abanico en medio. Además son muy versátiles para acompañar platos de difícil maridaje; este en concreto puede ir muy bien con unas alcachofas a la brasa, unos espárragos trigueros, salmón o atún en cualquiera de sus elaboraciones (sushi o sashimi, al vapor, a la plancha) o con crustáceos al vapor.

 

Valoración llevataps:

One response

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *