Roberto Voerzio Dolcetto d’Alba Priavino 2012

Roberto Voerzio Dolcetto d'Alba Priavino 2012

Roberto Voerzio Dolcetto d’Alba Priavino 2012

Si me preguntan hoy cual es la región vinícola que más me gusta por sus vinos tintos es probable que responda que el Piemonte italiano, aunque quizás mañana diga que es la Borgoña francesa o, quién sabe, si hace mucho frío y me acaban de plantar ante mis hambrientas fauces un guiso contundente de –por ejemplo- jabalí, diga que es el Priorat. Pero el Piemonte tiene algo especial, un qué sé yo que funde paisaje y paisanaje o vino y gastronomía de forma natural. Y sobre todo tiene tres tipos de uva –la nebbiolo, la barbera y la dolcetto- de perfiles muy distintos aunque con características comunes, con las que la gran mayoría de productores elaboran unos magníficos vinos monovarietales, algo difícil de encontrar en otras regiones.

Y si del Piemonte hablamos, hay que hablar de Roberto Voerzio, un personaje de carácter jovial y pelo enmarañado que elabora sus vinos en La Morra a partir de la uva que tiene en sus viñedos en esta misma población, siempre sin usar herbicidas, pesticidas ni fertilizantes industriales, y siempre también –algo que sólo se puede hacer a partir de las primeras premisas- fermentando con levaduras autóctonas, lo cual nos garantiza una perfecta definición de aquello que los franceses llaman terroir y que aquí en este país todavía no sabemos muy bien de qué se trata.

En este caso hablamos de su dolcetto, su vino “menor”, un vino cuya única pretensión sea quizás estar bien hecho y ser agradable, algo que consigue ampliamente. Cabe señalar aquí que sí, efectivamente dolcetto es un tipo de uva y no se refiere a un vino dulce como a menudo me han preguntado y que yo mismo –para qué negarlo- sospeché la primera vez. Es este un vino fermentado y criado durante diez meses en depósitos de acero inoxidable, sin paso por barrica, algo que ya se permite apreciar por su color, de un rojo cereza vivo con esos reflejos morados que denotan juventud y poca –o ninguna- madera. Se confirma esa juventud al olerlo: fruta roja y negra de intensidad media (no es un vino intenso que nos recuerde a un refresco o una golosina), más madura e incluso compotada de lo que cabría esperar. Tras esa fruta también podemos apreciar matices especiados, quizás de pimienta verde, y notas balsámicas de eucalipto.

El paso por boca es aterciopelado, amplio, carnoso y algo goloso, con un punto tánico y ligeramente secante. Tiene buena acidez y mantiene la presencia de fruta roja y negra en boca, algo tipo ciruelas, grosellas y arándanos, todo frutas dulces y ácidas, con matices especiados. Es medianamente persistente –mucho si hablamos de vinos jóvenes-, con un final que nos mantiene la acidez en la boca y esa sensación secante que hemos mencionado antes, pero que no resulta desagradable en absoluto como puede pasar con otros vinos con exceso de madera.

Pienso que es un vino que puede maridar muy bien con carnes jugosas (estoy pensando en un costillar asado a la manera argentina o una pieza de secreto ibérico a la parrilla), con platos de pasta con salsas a base de tomate o con guisos especiados de cerdo o conejo.

 

Valoración llevataps:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *