Alba 2013

Alba 2013

Alba 2013, de Sanlúcar

Sanlúcar de Barrameda y toda el área conocida como el Marco de Jerez es prácticamente un monocultivo de palomino fino, una uva blanca calificada como neutra y cuya finalidad es esencialmente surtir a las bodegas jerezanas y sanluqueñas para que obren el milagro de elaborar esos maravillosos –no todos– finos, manzanillas, amontillados, olorosos y –azarosa magia– palos cortados.

Pero también en Sanlúcar viven algunos outsiders a quienes les sangran los oídos siempre que alguien afirma alegremente que la palomino es una uva neutra. Unos son simples aficionados al buen vino, otros viticultores que miman sus pequeños viñedos de cepas viejas –otra rareza en Jerez–. Y entre ellos vive un diletante epicúreo dedicado al noble arte de buscar y distribuir buenos vinos a pesar de nosotros los consumidores que responde al nombre de Fernando. Son todos ellos unos locos que defienden la sencillez de la palomino plantada en suelos de albarizas como una virtud, pues esa uva es honesta, espontánea y sin artificios ni oropeles. Y como hechos son amores, esta banda de chiflados se ha unido para elaborar un vino sencillo y honesto, sin maquillajes, a partir de uvas de las mejores viñas viejas que han conseguido localizar en Sanlúcar. El nombre de guerra es Alba Viticultores y a su primer vino lo han bautizado, sencillamente, Alba.

Creo que sé lo suficiente de este proyecto como para entender muchas cosas sólo con ver la botella que, intuyo, es toda una declaración de intenciones. Nada se ha dejado al azar. No por casualidad se ha elegido una tipo borgoña que, por lo que a mí respecta, suelo a asociarla a vinos de terruño, sea cual sea este. También creo entender que el diseño austero de la etiqueta y la ausencia de cápsula es una apuesta por la sencillez: un vino sencillo hecho con una uva sencilla requiere una presentación sencilla. Huelga decir que para mí sencillo no es sinónimo de vulgar. El nombre del vino y del proyecto también es evocador. Alba habla de los suelos de albarizas, pero también del despuntar de un nuevo día, que en este caso es un renacer de los vinos no encabezados de Sanlúcar, antaño tan celebrados y que con el tiempo, las prisas y las grandes bodegas pasaron a mejor vida.

El vino me ha descolocado completamente. Creo que no he bebido nunca nada que se le parezca ni siquiera remotamente. Aunque siendo franco, tampoco tenía claro qué era lo que iba a encontrarme, pero pese a esta ausencia de referentes sí que me ha sorprendido el volumen que tiene en boca. Tratándose de un vino simplemente prensado y fermentado, sin trabajo de lías ni paso por barrica, me esperaba algo más ligero y fino. Otra rareza es que es un vino blanco al que no le gusta el frío. A ocho o diez grados se muestra reservado, pero tomado a doce o más despliega toda su alegría sanluqueña, que es mucha. Es, de hecho, un blanco que incluso se puede tomar fácilmente a la temperatura de un tinto.

Fui advertido de que se trata de un vino para beber, no para catar, pero no puedo evitarlo. Y no me desagrada lo que he encontrado. De color pajizo pálido con reflejos dorados, ligero y de lágrima fina. Es desde luego muy floral, pero esas flores que uno ya espera encontrar flotan sobre algo inesperado que recuerda a la tiza y a los nísperos. Diría que es mi primer níspero en un vino. Hay más fruta de la que uno espera encontrar en esta “uva neutra”, algo de albaricoques, peras, un amago de champagne o cava bien hecho y un recuerdo de fruta escarchada que hace pensar en un vino goloso, algo que al beberlo descarto de inmediato. Es seco, mineral, levemente glicérico y con una acidez contenida pero nada desdeñable, como de estar comiendo ciruelas. Y lo mejor –o peor– esa leve astringencia al final, que te deja salivando para que te llenes otra copa… ¡Resulta tan fácil de beber! Con esa graduación –apenas diez grados– y acidez lo veo un vino peligrosísimo en las tardes de verano.

Me gusta este Alba, me gusta mucho. Dicen que de valientes están llenos los camposantos, pero llegado el caso yo a estos de Alba Viticultores me comprometo a llevarles cada día flores de azahar.

Valoración llevataps:

5 responses

  1. Dos comentarios. Todas las uvas son neutras con más de 15.000 kilos por hectárea. La palomino -listán en sanluqueño- es una variedad delicada, fina, que en suelos de albariza no obstruye, sino que potencia la expresión calcárea. Lo contrario de los zumos de levaduras seleccionadas. Si eso es neutralidad, un hurra por la neutralidad. El segundo comentario es sobre la “astringencia”. Trabajando sin raspón, y con madera -si es que la hay- viejísima y con una capa de bitartratos espectacular, me temo que la cosa no viene del tanino ¿Recuerda como sabe la tiza? Un acusado grip calcáreo es la respuesta.

  2. Dejemos lo de la uva neutra: es una tontería. Cuando hablamos de rendimientos desmesurados todas las castas son neutras. Se trata de una pieza -necesaria- de un discurso que trata de legitimar la actual práctica bodeguera en el Marco, en la que se presenta al producto de la tierra como una tabula rasa en la que la flor y el bodeguero escriben el relato. La neutralidad forma parte del vocabulario en el que el vino se convierte en industria. Afortunadamente las cosas no son tan simples. La listán/palomino es una variedad “fina”, con delicada personalidad varietal, que no distorsiona la expresión del terruño. No es neutra, lo que pasa es que no es vocinglera, superficial, exótica…es educada ,discreta, dialoga con la tierra. Da lugar a vinos opuestos a los cócteles de levaduras en los que se han educado/atrofiado no pocos consumidores de blancos. Para entenderlos hay que descontaminarse ¿Astringencia? Descartemos los taninos. Y pensemos en la tiza: grip calizo. Felicidades, Fernando.

  3. ¡Albricias!
    Que el primer comentario en este todavía balbuceante cuaderno de notas sea de Don Álvaro Girón sólo puede tratarse de un buen presagio.
    Coincido punto por punto con sus observaciones. Y sobre esa leve astringencia final, que no supe clasificar en su momento, ahora que me ha señalado su origen le prestaré especial atención en la próxima botella que descorche. Que por cierto, recién llego de recoger mi ya tercera caja de Alba, pues está siendo un vino que, a parte de beber con enorme placer, estoy ofreciendo generosamente a algunos amigos.
    Un abrazo.

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