Chateau Maucaillou Moulis 2011

Chateau Maucaillou Moulis 2011

Chateau Maucaillou Moulis 2011

Los que seguimos con cierto interés el mundo del vino y sus vaivenes a menudo olvidamos que en Burdeos, a parte de los incontestables chateau y las clasificaciones de grandes e impagables vinos, existe también una enorme cantidad de elaboradores que año tras año sacan de sus bodegas notables vinos que no aparecen en las cartas de los mejores restaurantes internacionales ni en los titulares de las revistas especializadas, pero que han conseguido labrarse un prestigio al ofrecer con regularidad una excelente relación calidad precio. Son vinos sin mayor pretensión que ofrecer un buen momento de satisfacción a quien los descorche sin que sea necesario ser millonario, pedir un crédito o hipotecar la casa.

Pienso que el Chateau Maucaillou es uno de estos casos, en especial su vino elaborado bajo la denominación Moulis-en-Médoc, un tinto de coupage tradicional a base de cabernet sauvignon (más de la mitad), merlot y petit verdot de cepas plantadas en suelos aluviales de arcillas y gravas en la ribera izquierda del Gironda y criado durante dieciocho meses en barricas de roble –por supuesto- francés la mitad de las cuales son de segundo y tercer año.

Es un Burdeos que se deja beber joven, lo cual es de agradecer pues no todos tenemos el espacio y la paciencia para largas guardas de diez años o más, ni el presupuesto para comprar añadas anteriores a los distribuidores que sí tienen ese espacio y esa paciencia. Y esa juventud ya se puede apreciar en el color del vino, un característico tono ciruela de capa media con reflejos que tienden a rubí. También nos habla de ello la intensidad de la fruta, roja y negra, algo entre las frambuesas, grosellas y ciruelas muy maduras e incluso compotadas, todo envuelto en una fresca sensación balsámica que nos recuerda al eucalipto en compañía del regaliz y la pimienta y un fondo tostado de café torrefacto y láctico.

La primera impresión en boca es que fluye sedoso sobre la lengua, con una más que notable acidez. Da la sensación de elegancia y equilibrio, con una buena estructura de apreciables taninos bien acolchados y un postgusto que nos vuelve a recordar el regaliz y las notas tostadas, con una persistencia media y algo secante sobre la lengua y en las encías que nos propone tomar este vino con guisos de carne jugosos, también guisos con legumbres (sin ahumados, por favor), carnes rojas, embutidos tanto crudos como cocidos o, por qué no, algunos quesos franceses como el comté.

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