La Luna y las Hogueras

–¿Han hecho las hogueras este año? –le pregunté a Cinto–. Nosotros las hacíamos siempre. En la noche de San Juan toda la colina estaba encendida.
–Poca cosa –dijo él–. Hacen una grande en la estación, pero desde aquí no se ve. Piola dice que aquí antes quemaban leña.
(…)
–Quién sabe por qué –dije– se hacen esas hogueras.
Cinto escuchaba. –En mis tiempos –proseguí– los viejos decían que atraían la lluvia… ¿Tu padre ha hecho la hoguera? Porque buena falta hace que llueva este año… En todas partes hacen hogueras.
–Se conoce que son buenas para el campo –dijo Cinto–. Lo abonan.
(…)
Esta vez se quedó callado, empujando los labios hacia afuera. Sólo cuando le referí aquella anécdota de las hogueras en los rastrojales, levantó la cabeza. –Hacen bien –saltó–. Vivifican la tierra.
–Pero Nuto –dije–, eso no se lo cree ni Cinto.
Y sin embargo, dijo, no sabía si se debía al calor o las llamas o a que les removía los humores, pero el caso era que todos los cultivos a cuyo lado se hacía una hoguera daban mejores y más abundantes cosechas.
–Esta sí que es buena –dije–. O sea, que tú crees en la luna.
–En la luna –dijo Nuto– hay que creer por fuerza. Prueba a talar un pino con luna llena y te lo comerán los gusanos. Una cuba la tienes que lavar cuando la luna es joven. Incluso los injertos, si no se hacen en los primeros días de luna, no prenden.

La Luna y las Hogueras
La Luna e i Falò (1950)
Cesare Pavese

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