Akilia Chano Villar 2011

Akilia Chano Villar 2011

Akilia Chano Villar 2011

El escritor y ensayista irlandés George Bernard Shaw, a colación del relato corto de Scott Fitzgerald “El curioso caso de Benjamin Button”, comentó que lo malo de la juventud era que la desperdiciaban los jóvenes. Bien, pues os aseguro que este no es el caso de Mario Rovira, responsable y alma de Akilia Wines y culpable de hacer unos vinos que nos encantan a todos quienes hemos podido disfrutarlos.

Porque este barcelonés es joven, muy joven si tenemos en cuenta lo que ha conseguido ya. No sólo lo que está haciendo en el Bierzo, sino todo su recorrido hasta llegar aquí, con quizás especial atención a su aprendizaje en el Loire francés, donde aprendió y comprendió buena parte de lo que está trasladando a sus vinos. La búsqueda de la frescura, el cuidado del viñedo y el acento en el terruño, en el varietal autóctono; o ya en bodega la idea de los remontados cuando hacen falta en lugar de programarlos cada tanto, así como la irrenunciable determinación de no enmascarar el vino con los aromas de las barricas. Y la pregunta que a más de uno le asalta es ¿qué hace un barcelonés en el Bierzo? La respuesta nos la dio él mismo durante una cena de presentación de la nueva añada el pasado mes de marzo en Barcelona.

Mario Rovira no tenía de antemano la idea de ir al Bierzo a elaborar sus vinos. Sí que, por el contrario, tenía en mente qué vinos quería hacer. Llegó allí a través de las descripciones y buenas referencias que le había dado un conocido, sabedor de qué andaba buscando. Y lo que buscaba era precisamente lo que encontró en el Bierzo a los pies de los Montes Aquilianos: cepas viejas de variedades autóctonas, en este caso mencía y palomino; viñedos de cierta altura para garantizar fuertes contrastes de temperatura entre el día y la noche; marcos de plantación de los de antes, de cuando la vendimia se hacía a mano, esto es de metro y medio como mucho, y suelos con buen drenaje. Llegó, vio y se instaló. Y el resto es historia, reciente eso sí, pero que se va escribiendo vendimia a vendimia con la persistencia del cincel sobre la piedra.

Los vinos de Akilia se elaboran durante todo el año en el viñedo, marcados por el clima y el buen trabajo en el campo. Luego, una vez en la bodega, basta con no estropear la buena materia prima, que no es poco. Con esto no quiero menospreciar esta fase de elaboración, Dios me libre, sino que pretendo enfatizar la importancia y el peso en el resultado final del periodo en que la uva todavía no se ha vendimiado.

Una vez en bodega, este Chano Villar –que es, por cierto, el nombre del viñedo- fermentará en depósitos de hormigón, maloláctica incluida, garantizando que la mencía exprese todo su potencial sin maquillajes: aromas de grosellas y moras ácidas sobre un sutil perfume de violetas marchitas y un fondo mineral y levemente vegetal. En boca es fresco, con una notable acidez, sabor de grosellas negras y un leve amargor quizás de cacao al final, acompañada de cierta astringencia. Los taninos están muy presentes, pero son finos y delicados, otorgando al vino una cierta elegancia y equilibrio rústicos, como un pantocrátor románico o una silla Wishbone. El final es largo y envolvente, muy atlántico. Como apunte extra, añadir que es recomendable descorcharlo con cierta antelación e incluso jarrearlo si las prisas, aunque malas consejeras, nos apremian. Mejora notablemente.

En definitiva un vino magnífico, que poco o nada tiene que envidiar a algunos tintos franceses del Loire y que tanto puede acompañar una buena parrillada de ternera como una ventresca de atún vuelta y vuelta.

 

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