Egly-Ouriet Brut Rosé Grand Cru

Egly-Ouriet Brut Rosé Grand Cru

Egly-Ouriet Brut Rosé Grand Cru

Tenía esta botella desde hacía más de un año en la nevera, no sé muy bien por qué. Quiero decir que no sé por qué tanto tiempo, yo que soy más de descorchar que de guardar. Quizás porque es un champagne no diré que caro, ya que los buenos vinos que me puedo permitir son si acaso costosos, pero no caros, pero desde luego que era un precio por encima de la media y pienso que esto motivó consciente o inconscientemente que quisiera descorcharlo en una circunstancia especial. Así que lo descorché para celebrar mi aniversario.

Soy un enamorado del champagne, de esa alegría de finas burbujas engarzadas formando espirales ascendentes, de su aroma y frescura. Si no tomo más a menudo es porque no me lo puedo permitir. Y es también la única forma en que aprecio los vinos rosados, pues en el caso de vinos tranquilos me resultan indiferentes cuando no insulsos o desconcertantes. Quizás sea esta mi asignatura pendiente, aunque reconozco no estar por la labor.

Egly-Ouriet es uno de esos vigneron que aprecio especialmente, quizás con mayor fervor desde que probé su monovarietal de pinot meunier. Este, sin embargo, es un coupage de pinot noir y chardonnay de viñedos calificados como Grand Cru de las comunas de Ambonnay, Bouzy y Verzy parte del cual estuvo un tiempo de crianza en barrica. Es un non vintage, una mezcla de vinos de distintas añadas, algo bastante habitual no solo en la Champagne sino en la elaboración de espumosos de calidad en general. La segunda fermentación, la que nos convierte un vino en un espumoso, transcurrió sin prisas durante 50 meses hasta su fecha de degüelle en septiembre de 2012.

Luce ese característico color salmón brillante de los champagnes rosados a base de variedades tintas y blancas, con reflejos anaranjados y una burbuja fina y persistente. Bajo los intensos aromas de bollería se aprecia un cierto perfume de rosas, cerezas y fresas, notas lácticas de yogur y anisadas, un recuerdo de miel, piel de naranja y un fondo de nuez moscada. La entrada en boca es fina y afilada por su buena acidez, muy fresco, que después se ensancha y nos aporta una agradable amplitud y cremosidad, con esa burbuja bien integrada que hace que el vino sea mullido entre la lengua y el paladar. Notas de manzana fuji ácida y fruta roja dulce dan paso a un final de cierta persistencia con marcada mineralidad de caliza.

Un muy buen champagne rosado, pese a que ya sea por el elaborador o las expectativas –totalmente subjetivas, lo sé- que había puesto en él, lo cierto es que esperaba algo más.

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