Furvus 2010 de Vinyes Domènech

Furvus 2010 de Vinyes Domènech

Furvus 2010 de Vinyes Domènech

Con Joan Ignaci Domènech coincidí por primera vez en una presentación de sus vinos hará unos cuatro años. No había mucha gente cuando yo llegué, así que pude charlar un buen rato con él de sus vinos y viñedos y terminó por invitarme a que visitara la bodega. Todavía no he cumplido, lo cual me parece imperdonable por mi parte y lo tengo como asignatura pendiente desde entonces.

Hablar con él o con su mujer Rita es un placer. La pasión por el buen vino y el buen hacer nos une y siempre que he coincidido con alguno de los dos en ferias o presentaciones –algo que, desde esa primera ocasión, ha sucedido ya media docena de veces-, he podido disfrutar tanto de sus vinos como de todo el amor y dedicación que saben transmitir cuando hablan de ellos, de sus viñedos, del buen o mal invierno que han pasado las cepas por culpa del frío y las nevadas. No me extrañaría si un día me dijeran que las conocen a todas y cada una de ellas por su nombre propio.

Él y su familia pasaron una temporada buscando viñedos hasta que encontraron este en la localidad de Capçanes, muy cerca de su Falset de origen. Tenía muy clara su intención de dar un giro a su vida, que hasta ese momento había circulado profesionalmente por caminos alejados del mundo del vino. Lo que buscaban era algo muy concreto y lo encontraron en esta finca de apenas quince hectáreas a quinientos metros de altura en la Sierra de Llaberia, en el sur de la comarca del Priorat aunque dentro de la DO Montsant: cepas viejas de garnacha, fuertes contrastes climáticos entre el día y la noche y un suelo que hiciera sufrir a la cepa.

No recuerdo cuando fue la primera vez que probé este Furvus, un vino a base de garnacha tinta con una pequeña parte de merlot y afinado en barrica de roble francés durante doce a catorce meses que ahora se sitúa como el tinto de gama media de Vinyes Domènech, entre el Bancal del Bosc (el más sencillo) y el descomunal Teixar, pero si la memoria no me falla fue la añada 2007 hará unos cuatro o cinco años. Desde entonces no he dejado escapar ni una hasta este 2010. Desconozco si ya ha salido la cosecha del 2011, pero es un vino que agradece un poco de guarda.

La austera elegancia de la etiqueta –equilibrada y sin artificios- me gusta, dice mucho de lo que nos vamos a encontrar dentro de la botella. Un vino de abundante lágrima, fina y lenta, de un bonito color granate cereza todavía con reflejos violáceos y carmín, de gran intensidad aromática. En él percibimos mucha fruta roja y negra madura (arándanos, moras y frambuesas), incluso fruta en licor, sobre un fondo balsámico de eucalipto y regaliz, retama y arbusto mediterráneo (tomillo, hierba luisa) y ligeros matices tostados y especiados de cacao y canela. El trago es cálido y aterciopelado, envolvente, voluminoso, con un punto licoroso a la par que fresco debido a una buena acidez y las notas balsámicas, con taninos austeros aunque redondeados que le otorgan estructura y un punto levemente secante. De notable persistencia, con un postgusto licoroso con recuerdos de romero.

En resumen, un vino magnífico dentro de su gama, ideal para platos de carne que nos hagan salivar, ya sea un fricandó o un asado de ternera que deje la carne jugosa, aderezada con hierbas y especias o, incluso en esta época, para acompañar guisos contundentes de caza como un civet de jabalí.

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