por qué

Llevataps, sacacorchos, cavatappi, tire-bouchon, corkscrew… Pero no es la palabra lo importante, ni siquiera la herramienta. Hablo de descorchar el vino, de apartar el corcho que ha servido para guardar embotellada una porción de tiempo de algún lugar y que ahora ha dejado de ser útil para convertirse en el obstáculo que me separa de una porción de tiempo de disfrute aquí y ahora.  Porque el vino no es más ni menos que eso: tiempo; la crónica de un tiempo en algún lugar y el tiempo que me llevará beberlo. Pero sobre todo el tiempo que lo recordaré o el que tardaré en olvidarlo, ya que todavía no sé si me sorprenderá, si va a gustarme, si me llenará de emoción o por el contrario me resultará indiferente o, en el peor de los casos, me decepcionará o incluso me agriará el día. Pero para saberlo necesito sacar el corcho. Es por eso que yo soy el llevataps; yo soy el sacacorchos, el cavatappi que se vale de una ingeniosa herramienta para satisfacer su curiosidad hedonista. Soy el tire-bouchon que decide las comidas según los vinos. El cavatappi que año tras año selecciona y acopia vinos mientras imagina grandes banquetes. El sacacorchos que no espera la ocasión para descorchar un vino sino que la crea al descorcharlo. El llevataps que no concibe mejor momento que ese en el que está compartiendo un buen vino salvo, quizás, aquel otro con la única compañía de un vino prodigioso y una buena lectura mientras gira ese vinilo en el tocadiscos.

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